dilluns, 4 de novembre del 2013

UNA OFENSA INNECESARIA

Me cansa, me aburre y me ofende, como socialista, como catalán y como ciudadano de este territorio múltiple que algunos llamamos Estado, otros catalogan como nación, e incluso algunos definen como patria, las gratuitas declaraciones de nuestro estimado amigo Alfonso (¿o hay que llamarle Guerra?).
Me ofende extremadamente de que alguien (ni que sea Alfonso/Guerra) pueda dudar de que otros puedan ser –o sentirse- catalanes y socialistas. De la misma manera, pienso yo, que cualquiera pueda sentirse español, francés o sueco, y no por ello dejar de ser socialista. ¿O acaso “algún” socialismo tiene patente de corso y se es más o menos, en función de la nación a la que uno se adscribe?
Siempre he pensado que la identificación con un determinado territorio no condiciona la ideología de una persona. Ni mucho menos. Ni tan siquiera la identificación llevada a un punto más extremo (lo que suele llamarse nacionalismo) es característico de una ideología concreta. ¿O no hay nacionalistas de uno u otro territorio que se adscriban a determinada ideología o a su contraria?
Pongamos algún ejemplo. ¿Es más o menos nacionalista aquel que defiende la nación española, la alemana, la inglesa, o –dado el caso- la catalana, la gallega o la andaluza? ¿Quizá para ostentar esta categoría, el territorio al que se adscribe la nacionalidad deba tener determinadas dimensiones? Quizá la paradoja esté en no reconocerle nacionalidad a determinados territorios, pero entonces, ¿por qué darle categoría de nacionalista a alguien que defiende un territorio, si no le damos al territorio tal categoría?
 Y siguiendo con los ejemplos, ¿desde cuándo el nacionalismo responde a una ideología concreta? Yo –al igual que muchos más- conozco o reconozco a acérrimos nacionalistas ideológicamente situados muy  a la derecha. O, ¿dónde deberíamos colocar a una extrema y rancia derecha que está –que sigue- defendiendo una determinada nación española (por ejemplo)? O, en el otro extremo, ¿no es cierto que desde postulados radicales de la izquierda algunos movimientos han defendido, y siguen defendiendo, territorios muy concretos? ¿No es irrefutable que la derecha y la izquierda comparten postulados identitarios a la hora de defender el territorio con el que se identifican, sea éste de la extensión que sea? ¿Porqué pues identificar la defensa de un territorio con la ideología (derecha o izquierda) en función de los intereses de cada cual?
Otra cosa muy distinta sería priorizar las ideas a la identidad nacional, o viceversa. Pero ésa es otra cuestión…y otra discusión.
¿A qué viene, pues, la sandez manifestación de que el PSC no es socialista porque está defendiendo los postulados del nacionalismo catalán (cosa absolutamente falsa)? ¿Qué decir, con estos mismos argumentos, de los socialistas que defienden otro tipo de nacionalidad, y por tanto de nacionalismo? ¿Ésos, o algunos de ellos, están legitimados para defender su identidad, e incluso para deslegitimar la de los otros? Y mientras tanto los otros no pueden, siquiera, discrepar de los unos.
Es, sencillamente, un cansino sinsentido que empieza a cansar, a aburrir, y, lo más grave, a ofender (y mucho), viniendo de quien viene.
Tan difícil no ha de ser (para una persona progresista, abierta y tolerante) la aceptación y el reconocimiento de la diversidad. El respeto a la diferencia es la clave y  la base de la convivencia.
Si somos capaces de asumir que en nuestra propia familia (enraizada por verdaderos nódulos genéticos) existe la diversidad; si asumimos que nuestros vecinos (con los que convivimos armoniosamente) son diversos; si aceptamos que los pueblos (históricos núcleos de convivencia) son plurales; si reconocemos la diversidad de las partes que conforman cualquier todo, ¿cómo negar el reconocimiento de la pluralidad a los territorios que componen un país (se le llame a éste como se quiera)?
Y defender la pluralidad no es sinónimo de apuntarse a un nacionalismo mal entendido, y mucho menos de haber renunciado a los principios del socialismo democrático.
Seguramente algunos de los que tanto critican el nacionalismo de los otros (y no soy yo quien los defienda, estando al pairo de cualquiera de ellos), deberían mirarse al espejo y, en un acto de sinceridad, definir lo que están viendo. Si fuesen tan sinceros como vehementes, quedarían sorprendidos. 

divendres, 1 de març del 2013

UNA REFLEXIÓN PARA COMPARTIR



Hagamos una reflexión en voz alta. En situaciones de compleja dificultad no conviene actuar con precipitación, aunque ésta sea en aras de intentar una respuesta rápida a los problemas que nos abordan, dejándonos casi sin aliento.
La precipitación no es buena aliada para respuestas razonadas y sensatas, como las que estamos necesitando en estos momentos. Eso por una parte.
Pero por otra, tampoco podemos quedarnos anquilosados ante el riesgo imprevisible que pueda suponer asumir ciertos cambios que son del todo necesarios, y que está pidiendo –desde diferentes ámbitos y con diversos formatos- una ciudadanía perpleja ante la inanición de los partidos políticos para ofrecer respuestas alternativas a la crítica situación de caos institucional y sistémico en que estamos inmersos.
Y en una parte de esa reflexión en voz alta, en esta ocasión, quisiera centrarme en el desencuentro que hemos vivenciado estos días entre el PSOE y el PSC. Algunos aún se están frotando las manos pensado en aquello de “a mar revuelta ganancia de pescadores”. Piensan, y no sin visos de realidad, que si el socialismo español y catalán (suponiendo que fuesen cosas diferentes, pero que yo no lo creo) acaban rompiendo sus relaciones, la derecha de este país –llámese Catalunya o España- tendrá más garantizados sus gobiernos a casi perpetuidad. Sin duda una ruptura no deseada en el socialismo del estado acabaría beneficiando los intereses electorales de la derecha. Eso a nadie se le escapa, ni siquiera a algunos esperpentos del PP, que ya están utilizando de manera farfullera las desavenencias entre el PSOE y el PSC para intentar desviar la atención del mayor escándalo que hayamos conocido hasta estos momentos, asociado a las corrupciones, evasiones, fraudes y extorsiones de su ex gerente y ex tesorero (con una dedicación total de casi tres décadas).
Pero volvamos a la reflexión inicial y la discrepancia entre el PSOE y el PSC en torno al derecho a decidir, en este caso planteado en el Congreso de los Diputados por una mayoría importante de representantes del pueblo de Catalunya (aprox. 77%).
Partamos, desde un punto de vista de doctrina, valores e ideario socialista en relación a la organización territorial, del convencimiento que la mejor manera de convivencia de los territorios (llamémosles regiones, autonomías, países, naciones, o lo que cada cual prefiera), se basa en el respeto mutuo, el reconocimiento de las partes, la defensa de la solidaridad y la potenciación de las capacidades colectivas. Esto, dicho en pocas y cortas palabras, formaría el núcleo troncal de los principios de un estado federal. Otra característica de los estados federales, dentro del reconocimiento de sus territorios federados, es –como no podría ser de otra forma sin faltar a los principios mismos del federalismo- la aceptación de la diversidad y pluralidad de los pueblos que conforman los territorios en el seno de ese estado común.
Llegados a este punto también podríamos convenir que los propios partidos políticos que defienden (la organización de) un estado federal, por convicción, por tradición y por principios programáticos, se definen como organizaciones políticas federadas. Es decir, en su funcionamiento interno se asume el modelo federativo como modelo de organización (y, lógicamente, lo que esto debe significar a nivel orgánico y funcional del partido). Una objeción al respecto: el PSC, todo y ser un partido soberano (inscrito autónomamente en el registro de partidos), ha actuado a nivel estatal como una pseudo federación más del PSOE.
Pues bien, llegados a este punto de la reflexión parece que no debería extrañarnos, si fuésemos coherentes con los principios que defendemos, que uno (el que sea) de los territorios de ese estado federal al que aspiramos, quiera plantear la potestad de que sus ciudadanos puedan decidir sobre su futuro. Bien es cierto que el plantear la segregación de un territorio iría en contra de los principios de la propia federación (que no admite la separación unilateral). Pero no es ése el planteamiento del PSC. El PSC quiere plantear una nueva relación con el estado, en un marco diferente del que estamos en estos momentos (y al que hemos llegado después de una etapa de transición de treinta y cinco años que debe, por evolución del propio sistema, repensar el modelo actual). ¿Y de qué manera más democrática se puede avanzar hacia esa nueva configuración territorial y de regeneración y actualización de nuestras instituciones que consultando a los/las ciudadanos/as? Simplemente es eso lo que se pretende desde el PSC, que el pueblo de Catalunya se defina sobre su fututo. Y para ese proceso, incluso, demanda el diálogo con el estado.
Bien es verdad que en este proceso de decisión algunos estarán planteando la ruptura con el resto del estado, al igual que otros están apostando (sin ni siquiera consulta) por la recentralización de competencias, servicios y recursos, en una erosión sistemática del sistema de las autonomías y la vuelta a un pasado que ya quisiéramos tener olvidado (aunque no podemos). Pero podría parecer que esta vuelta al pasado encubierta no genera los mismos aspavientos que la aspiración legítima al derecho a decidir.
Y el derecho legítimo a decidir no excluye a nadie. Quiere esto decir que otros territorios también pueden manifestar su deseo de relación con el estado, y definir qué modelo y qué mejoras quisieran introducir. Los que aspiren a un modelo federal podrán compartir con los socialistas inquietudes de futuro. El resto tendrá que buscarse otras alianzas.
El reusar en estos momentos el debate del modelo territorial, la regeneración de las instituciones, el impulso democrático y la superación de la crisis económica y financiera es como tener la mirada fija en la pared, cuando el peligro nos acecha en el cogote.
El PSOE y el PSC, el PSC y el PSOE, tienen la responsabilidad de seguir avanzando juntos para garantizar el progreso del país (de España y Catalunya, de Catalunya y España). Ambos han sido piezas claves en el pasado inmediato y deben ser la garantía de futuro. Difícilmente hubiésemos llegado al punto que nos encontramos si no hubiese sido por la implicación decidida (entre otras muchas) del socialismo español y catalán. A pesar de las dificultades y de algunos desencuentros, a pesar incluso de alguna discrepancia, PSOE y PSC deben decidir seguir compartiendo un modelo de futuro. Si no es así, por una parte, el modelo de Estado Federal al que aspiramos no será posible; por otro lado, Catalunya puede iniciar un camino de difícil retorno.





divendres, 16 de novembre del 2012

EL CAMÍ CAP AL FEDERALISME


Quan, des de diferents posicionaments i per raons diverses –que segurament es podrien complementar-, moltes veus estan manifestant que l’actual estat de les autonomies està arribant al seu esgotament. Quan l’actual crisi econòmica està dificultant el normal desenvolupament dels territoris (Comunitats Autònomes) de l’Estat Espanyol. Quan des de la dreta política espanyola, uniformista, homogeneïtzadora i centralista es vol justificar que el dèficit de l’Estat es produeix com a causa d’una desmesurada i descontrolada despesa de les comunitats autònomes. Quan des de l’actual govern central (PP), i amb el suport dels seus dirigents territorials, s’aposta per la recentralització d’algunes competències autonòmiques –entre altres mesures restrictives- com a solució per a reduir els desequilibris dels comptes públics. Quan a territoris amb forts sentiments identitaris, cada cop es fa més evident el malestar de la ciutadania per la incomprensió que puguin generar els seus sentiments en altres territoris amb sensibilitat diferenciada. Quan els sentiments de pertinença d’uns i altres acaben generant un sentiment incomprensible de rebuig mutu, que s’alimenta pel propi interès de mantenir viva la discrepància. Quan des de Catalunya –i Euskadi està a l’espera- s’aposta, de manera oportunista, per la independència com a solució a tots els problemes de la societat catalana. Quan des del govern de l’Estat i el partit que el sustenta no es respecta la pluralitat territorial i es potencien sentiments identitaris uniformadors i excloents, més propis d’altres moments de la nostra història. Quan alguns territoris (principalment Catalunya i Euskadi) estan tenint dificultats d’encaix en l’actual Estat de les Autonomies. Quan la Constitució Espanyola -o, més aviat, la interpretació que fan de la seva lectura alguns partits estatals i el  propi Tribunal Constitucional- no permeten que els estatuts d’autonomia avancin amb fermesa cap a un reconeixement ampli d’estat plural. 
Quan tot això està succeint, i com a respostes poc dialogades es planteja o la segregació o la recentralització, ha arribat el moment de plantejar, de manera seriosa, una reforma a fons de la Constitució que ens permeti acabar de construir una proposta territorial que faciliti l’encaix dels diferents territoris en un Estat Federal plural, respectuós i modern. Una reforma constitucional que permeti transitar de manera ordenada, i sense ensurts, des de l’actual Estat de les Autonomies a un Estat Federal. Una reforma constitucional que ens facilitarà finalitzar un recorregut que ja estava en el pensament d’algun dels pares de la Constitució.
L’actual Constitució va representar l’esforç i el fruit d’un gran pacte de transició política, que ens va fer avançar des d’un estat autocràtic, hereu d’un llarg període de més de quaranta anys de dictadura, a l’actual sistema democràtic. En aquest procés, arribar a l’Estat Federal ha de representar una evolució natural, producte d’un nou pacte constituent o segona transició que, partint de la Constitució de 1978 acabi convertint-la en una veritable carta magna que reguli i faciliti la transformació de l’Estat de les Autonomies en un veritable Estat Federal,  situant el nou marc federal a l’alçada d’altres estats federals que tenim com a referència. 
A certes veus dubtoses o contràries a la transformació els hi podríem recordar algunes qüestions, amb la voluntat d’aportar elements de reflexió sobre el perquè cal la modificació de la Constitució:
a) La Constitució de 1978, que ha complert abastament alguns dels seus objectis (pacificació, democratització, pluralitat política, descentralització, competències, etc.) no ha resolt satisfactòriament altres aspectes de reconeixement de la pluralitat dels diversos territoris, no delimita amb claredat quines són les competències a què es poden acollir les respectives autonomies, no parla del nombre d’autonomies que composen l’Estat, crea un Tribunal Constitucional que s’ha convertit en una tercera càmera sancionadora de temes polítics (que no estrictament jurídics), la segona càmera legislativa (Senat) no té ni la composició ni les funcions que hauria de tenir una veritable càmera de representació territorial, no acaba de solucionar equitativament una fiscalitat que resolgui el finançament d’alguns territoris... Veiem que algunes qüestions que no es van tancar satisfactòriament, amb el pas del temps, encara continuen obertes.
b) Els “pares” de la Constitució de 1978, set representats polítics, en aquests moments no són representatius ni de la sensibilitat política i social del país, ni del pes dels partits polítics que ens representen actualment. Recordem que hi ha havia 3 representants de la UCD, 1 representant del PP, 1 representant de CDC, 1 representant del PSUC i 1 representant del PSOE. Com es pot comprovar allò que podien representar els set parlamentaris (cap parlamentària) en aquell moment (i per tant va orientar l’elaboració de la Constitució) no es correspon a la distribució política actual (molt probablement, en aquests moments, obtindríem una Constitució molt diferent, i més escorada a plantejaments més progressistes que no pas la de 1978).
c) La Constitució, que va estar pensada amb la mirada posada en el període de transició cap a la democràcia, no tindria el mateix contingut si s’hagués elaborat en un moment històric amb assoliment democràtic i reconeixement dels drets i les llibertats dels ciutadans, com pot ser a l’actualitat. En aquest sentit, tampoc no és un document vàlid per a les noves generacions, que han nascut i viscut en una realitat molt diferent a la que vol legislar la mateixa carta magna, no contemplant (lògicament) altres qüestions més properes de la realitat social i política actual.
d) Totes les  Constitucions –com a marc referencial últim de la jurisprudència de qualsevol país- ha de tenir la capacitat i flexibilitat necessària per a adaptar-se a les noves realitats.  En cas contrari corren el risc de quedar-se estancades, i no facilitar que la societat avanci amb el seu temps (al deixar fora del seu àmbit de protecció i no actualitzar algunes matèries de nova aparició). De fet en països democràtics i avançats, que ens poden servir com a referència, les Constitucions són susceptibles d’actualitzacions, per tal de posar al dia els seus mandats. Així tenim, per exemple, les múltiples esmenes de la Constitució d’EEUU i les més de cinquanta modificacions de la Constitució d’Alemanya. I no per això algú qüestiona les seves legitimitats, més aviat les corresponents ciutadanies agraeixen i valoren la capacitat d’adaptació i actualització de les seves cartes magnes.
En aquesta mateixa línia d’adaptació i actualització, la reforma constitucional, per tal de donar estructura al nou Estat Federal, haurà d’incorporar alguns aspectes rellevants com:
1) Declaració i definició del nou Estat Federal, com a plurinacional, pluricultural i plurilingüístic.
2) Identificació dels territoris federats que formaran part del nou Estat Federal.
3) Reconeixement de la diversitat dels territoris i, per tant, de la pluralitat de l’Estat (actualment l’Estat de les Autonomies ja contempla una certa diversitat).
4) Definició dels diversos territoris federats i accepció de què cadascun dels territoris s’incorpora a la federació segons la seva pròpia identificació (país, nació, autonomia, etc.).
5) Acceptació de la Federació com a un Estat Federal complex, a partir de la constatació de la realitat i les peculiaritats de cadascun dels territoris federats (històriques, culturals, econòmiques, lingüístiques, dret civil, etc.). 
6) Relació bilateral de l’Estat Federal amb els diferents Territoris Federats (donat el reconeixement de la singularitat de cada territori de la Federació).
7) Definició de les competències pròpies de l’Estat Federal: Defensa; Política exterior (relacions internacionals i tractats internacionals) que, en alguns moments, pot estar participada pels territoris federats; Coordinació de grans catàstrofes; Coordinació de polítiques compartides per diferents territoris (rius, costes, etc.); Normatives comunes (fonamentalment les que hauran de garantir els principis bàsics o drets mínims de ciutadania i benestar en tots els territoris federats); Hisenda, que estarà compartida amb els territoris federats (fonamentalment la coresponsabilitat fiscal per a garantir la recaptació i el finançament de les competències pròpies, tant de l’Estat Federal com dels Territoris Federats. En qualsevol cas la fiscalitat compartida haurà d’establir les condicions i mecanismes necessaris per a garantir de manera equitativa: l’aportació dels Territoris al fons de compensació interterritorial; l’aportació dels Territoris per al finançament de les competències pròpies de l’Estat Federal i de les que pugui tenir compartides amb els Territoris; el manteniment del principi d’ordinalitat en les previsibles actuacions de l’Estat als Territoris; el finançament de les competències pròpies de cada Territori).
8) Reconeixement i definició de les competències pròpies dels Territoris Federats. Excloent les que són competència pròpia de l’Estat Federal, els Territoris Federats podran ser titulars de totes aquelles competències que puguin assumir amb totals garanties d’execució, en funció de la seva voluntat, interès i capacitat (aquelles que no siguin assumides pels territoris, les assumirà subsidiàriament el propi Estat Federal).
9) Reconeixement de l’autonomia dels Territoris Federats per a organitzar-se i legislar les seves competències de manera exclusiva, en el marc dels seus propis Estatuts (o Constitucions) i segons reconeixerà la mateixa Constitució Federal. La potestat d’elaborar els Estatuts o Constitucions Territorials, així com la resta de legislació pròpia, correspondrà a cadascun dels Parlaments Territorials, d’acord amb el que preveurà la Constitució Federal.
10) Reforma del Senat, per a convertir-lo en una veritable càmera alta de representació territorial. Entendrà de la legislació que afecti al propi Estat Federal; del control de l’Estat Federal; de les relacions multilaterals de l’Estat Federal amb el conjunt dels Territoris Federats; de les relacions entre el Territoris Federats i el propi Estat Federal; dels conflictes entre els propis Territoris i entre aquests i l’Estat Federal.
11) Incorporació dels mecanismes de relació de l’Estat Federal amb la Unió Europea i els seus organismes, amb declaració de voluntats d’avançar cap a una Europa Federal, de la qual es forma part.
Lògicament a ningú se li escapa que aquesta profunda reforma constitucional per a avançar en la construcció definitiva de l’Estat Federal, a partir de l’estructura pseudofederalitzada de l’Estat de les Autonomies, requerirà una gran dosi de diàleg i consens, un gran pacte d’una segona transició que ens porti a cloure una transformació social, econòmica i política que ens situï a les portes del segle XXI. I aquí cal una gran dosi de responsabilitat, de respecte, de reconeixement, d’acceptació ... I tot ha de començar a partir del desig i de la voluntat de diàleg. La resta és fàcil: només és qüestió de treballar, i d’això ja en sabem. 






dilluns, 5 de novembre del 2012

ALGUNS APUNTS SOBRE L’ESTAT FEDERAL

 Un Estat Federal està conformat per la unió de diferents ens o divisions territorials amb capacitats no només administratives, sinó també legislatives i d’autogovern. Cadascuna de les divisions territorials federades adoptaran el nom genèric, o específic, que es determini en el seu procés constituent. Es podria determinar, de manera genèrica, que les divisions territorials que conformen l’Estat Federal corresponen a províncies, regions, cantons, autonomies, nacionalitats, estats, o qualsevol altra designació amb què es decideixi catalogar les divisions territorials de l’Estat (per exemple, a Alemanya, parlem d’estats federats o Länders; a Àustria, d’estats federats o Bundesländer; a Suïssa, de cantons, etc.). Per tant, qualsevol designació que compleixi amb la realitat i voluntat dels territoris per a identificar les diverses federacions, és legítima. No existeix una denominació, un mot predeterminat per a referir-nos als territoris federats. Per tant, és voluntat dels territoris federats i del propi estat federal, que les divisions territorials adoptin un o altre nom, en funció, generalment, d’aspectes històrics, culturals o d’altres. Però no sempre tots els territoris que composen l’Estat Federal es designen genèricament de la mateixa manera. Ens podem trobar, en alguns casos de territoris heterogenis o de característiques específiques, amb un Estat Federal composat per divisions territorials federades de diferents característiques i que responguin, per tant, a una designació nominalista diferenciada (com és el cas d’alguns estats federals dels que avui en dia tenim com a referència: Canadà, amb províncies i territoris autònoms; Estats Units, amb estats i districte federal; Austràlia, amb estats i territoris). Per tant, la diferenciació en l’extensió territorial o en altres característiques pròpies, no són condicions invalidants per a constituir un veritable Estat Federal, ans al contrari.
Observem que aquesta heterogeneïtat dels territoris que constitueixen les divisions que en formen part d’un Estat Federal, no es donen només en alguns dels estats federals ja existents, sinó que inclús és una realitat en la configuració actual de l’Estat Autonòmic Espanyol, on ens trobem amb Autonomies que responen a una gran disparitat territorial (Ciutats Autònomes, Comunitats Autònomes Uniprovincials i Comunitats Autònomes Pluriprovincials o Regionals).
Però no és només la diferenciació en les característiques territorials les que acaben marcant les peculiaritats de cadascuna de les federacions que poden composar un Estat Federal. Ens podem trobar amb territoris amb cultures i tradicions diferents, amb llengua pròpia, amb dret civil propi, etc. (característiques que també es donen en el cas de l’Estat Autonòmic Espanyol), que donen un plus de pluralitat i complexitat, enriquint el conjunt, i que cal contemplar i respectar dins les característiques territorials del nou Estat Federal.
Convé així recordar que l’organització d’un estat federal neix, exclusivament, a  partir de la voluntat de diferents territoris per a federar-se. No existeixen circumstàncies prèvies que condicionin la creació d’un estat federal, a banda, lògicament, del propòsit i el desig de les parts. I si bé és cert que molts dels estats federals sorgeixen per la unificació de nacions o estats que ja existien prèviament, abans de decidir federar-se (com és el cas, entre d’altres, de Canadà, Estats Units, Austràlia i Veneçuela), també és cert que hi ha experiències d’estats federals que han nascut d’un procés de descentralització d’un estat unitari i centralitzat previ (com ha succeït a Mèxic, Argentina i Brasil).
I de la mateixa manera que no hi ha condicions prèvies limitadores per a constituir un estat federal, tampoc existeix un model homogeni ni estàndard de quina ha de ser l’estructura d’aquest estat federal de nova creació, ni de quin serà el grau d’autonomia que hauran d’assolir els territoris federats. Dependrà de la pròpia realitat dels territoris de què es parteix, així com de la voluntat i capacitat de cadascun d’aquests territoris per a arribar a un nivell o altre de distribució de les competències pròpies i d’aquelles que restaran en mans de l’estat federal.
Cadascun dels territoris federats té el grau d’autonomia necessari per a governar i legislar en el seu territori aquelles matèries que li són pròpies i, en qualsevol cas, aquestes són diferents de les que pugui ostentar l’administració federal, no existint duplicitats ni interferències de les competències i responsabilitats entre els diferents territoris federats i el propi estat federal.  D’aquí la importància que les respectives Constitucions (tant la federal com les dels territoris federats) defineixin de manera nítida les competències de cada territori i les competències de la pròpia federació.
Per tant, amb aquestes premisses, ens podem trobar que els territoris que constitueixen la federació poden tenir un grau d’homogeneïtat més o més important, o al contrari, ser territoris de naturalesa i heterogeneïtat més diversa. D’aquesta manera l’Estat Federal que es constitueixi a partir dels diversos territoris tindrà (parlant en argot federalista) una estructura simètrica (en el cas de què tots els territoris federats ostentin les mateixes competències després del procés de federalització, com és el cas d’Alemanya o Mèxic) o asimètrica (en el cas de què algun/s dels territoris federats assoleixen competències diferents, com en el cas de Canadà i EEUU). 
En tots els casos la concepció d’un Estat Federal, sigui simètric o asimètric, respecta el pluralisme dels seus territoris i garanteix la unitat federal a partir de la defensa d’una cohesió basada en la diversitat dels territoris.
L’Estat Federal, per tant, no representa la ruptura ni la insolidaritat dels territoris que en formen part. Al contrari, basa la seva raó de ser en la interdependència i sobirania compartida, des d’un respecte absolut, exquisit i extraordinari al reconeixement de la diversitat i pluralitat de les diferents federacions que el conformen. L’Estat Federal aixopluga, defensa, reconeix i dóna cobertura als territoris federats, com a elements consubstancials que conformen el propi Estat. Els territoris federats se senten identificats, representats i formant part de l’Estat Federal.
La clau de tot plegat és assumir com a principis inalienables el reconeixement i el respecte a la pluralitat i diversitat dels altres;
garantir uns drets comuns de ciutadania i benestar per a tots els ciutadans de l’Estat Federal;
mantenir una corresponsabilitat solidària entre els diferents territoris per a minimitzar els impactes dels desequilibris territorials;
definir les competències pròpies que gestionarà, de manera centralitzada, l’Estat Federal, i a partir d’aquestes definir totes aquelles que podran ser competència dels territoris federats; 
respectar el desig manifest de cada territori federat a exercir competències pròpies, a partir de mostrar de manera fefaent la seva voluntat, capacitat i recursos per a exercir-les (en el cas que algun territori federat no es trobi en condicions d’assumir plenament totes les competències que es desenvolupin en el seu àmbit territorial, aquestes podran ser gestionades directament per l’Administració Federal  o compartir la gestió conjuntament per ambdues Administracions);
compartir un sistema financer i tributari equilibrat per  a què cada territori federat, a banda de participar en el finançament de les competències federades i en el fons d’equilibri territorial, pugui desenvolupar amb total garantia les seves competències pròpies;
establir mecanismes de relació bilateral i bidireccionals entre els òrgans de l’Estat Federal i cadascun dels territoris federats;
organitzar la relació multilateral entre el conjunt dels territoris federats i l’Estat Federal a través d’una Càmera Legislativa de veritable representació territorial (Senat).













divendres, 19 d’octubre del 2012

L’ESTAT FEDERAL: UNA VIA POSSIBLE


A partir de la gran manifestació de l’Onze de Setembre, encara que alguns pretenguin afirmar de manera contundent que no ha canviat res en el panorama polític del país, tots sabem que l’afluència pacífica de molts milers de ciutadans i ciutadanes pels carrers de Barcelona, han accelerat la vida política, i no només a Catalunya, sinó a la resta de l’Estat. Com si d’una reacció química es tractés, sembla que un catalitzador hagi precipitat, de manera sobtada tota l’activitat del país. Tot ha pres velocitat i ha agafat noves dimensions. CiU, de manera oportunista, i aprofitant altres conjuntures que han potenciat el reclam sobiranista, s’ha fet amb la bandera de la independència, com a solució messiànica de tots els mals del país (i mentrestant no parlem de les retallades, ni de l’atur, ni de la precarietat de moltes famílies, ni de l’acció de govern). El PP, sense moure’s del seu paper immobilista, defensa, aferrant-se a la lletra de la Constitució com a argument bíblic, la unitat indivisible de la pàtria Espanya (i mentrestant no es parla de la destrucció de l’estat de benestar, ni del fracàs del model especulatiu del capital, ni de la tirania dels mercats, ni de la incapacitat del neoliberalisme per a superar la crisis, ni del nou model social a què ens estan abocant amb successives contrareformes). El PSC, recuperant el clàssic desig del socialisme democràtic, aposta fort per un Estat Federal que, llargament havia estat hivernant en diferents documents programàtics (i recupera, més tard que d’hora, un vell debat que haurà de comportar profundes reformes en l’organització i funcionament de l’Estat).
Ens trobem així amb tres abordatges contraposats, que intenten donar resposta al que podria ser un final d’etapa de l’Estat de les Autonomies. Sembla que tothom coincideix en què el model està esgotat, i és necessari trobar nous mecanismes que permetin continuar avançant. Mentrestant CiU (i altres opcions polítiques) aposten per la ruptura i la segregació de Catalunya de la resta de l’Estat, mitjançant una proposta d’independència; el PP emfatitza en les  retallades de competències autonòmiques, volent retornar alguna d’elles a l’Estat central i centralitzant la presa de decisions d’altres; el PSC, per la seva banda, es compromet en la defensa d’un Estat Federal, que evolucioni de l’actual Estat Autonòmic, i que, reconeixent  la pluralitat dels territoris, potenciï la capacitat i voluntat de cadascun d’ells, en un projecte de futur compartit i solidari.
Arribat aquest moment convé que recordem el nostre punt de partida i cap a on volem anar. Actualment formem part d’un Estat Autonòmic, regulat per la Constitució de 1978 i els diferents Estatus d’Autonomia de les diverses Comunitats Autònomes. L’Estat de les Autonomies és el fruit d’un gran pacte constituent entre totes les forces polítiques i socials de l’Estat, que facilità la superació del que era un estat fortament centralitzat, que es va forjar fèrriament a l’ombra de la postguerra civil espanyola i més de quatre dècades de dictadura. En aquest sentit l’Estat de les Autonomies ha representat, des del punt de vista de l’organització de l’estat, una via intermèdia entre el que seria un estat centralitzat i un estat federal, donat què disposa en la seva organització de diferents elements característics d’una estructura federalitzada i, d’altra banda, conserva alguns factors propis d’un estat centralitzat. No obstant l’Estat de les Autonomies ha suposat el major avenç en l’àmbit social i polític a la història contemporània de l’Estat Espanyol.
Però també és cert que per les pròpies limitacions de l’Estat Autonòmic, d’una banda, per l’escassa voluntat en fer una lectura i una aplicació més flexible del que s’ha fet de la Constitució i la mateixa incomprensió per a validar una reforma de l’Estatut d’Autonomia de Catalunya (aprovat prèviament pel Parlament de Catalunya, les Corts Espanyoles i un Referèndum del poble català), ha arribat un moment que el desencaix de Catalunya i Espanya ha guanyat força enters. Tant és així que en aquests moments l’acoblament de Catalunya i Espanya no acaba de trobar un encaix satisfactori en la configuració de l’actual Estat Autonòmic. Es corre el risc de què petin les costures d’un vestit massa encotillat que, de fet, se’ns ha quedat un pel petit.
I davant de veus alternatives en defensa de la segregació o la recentralització, apareix una tercera via des del socialisme català (que en realitat, situada en el temps, seria la primera) que proposa un Estat Federal, com a millor i més viable solució a l’esgotament de l’Estat de les Autonomies. Un Estat Federal que doni seguretat davant incerteses rupturistes i garanties de futur davant immobilismes centralitzadors. Un Estat Federal respectuós, plural, cohesionat i solidari. Un Estat que, partint de la igualtat de drets fonamentals de tots els seus ciutadans, potenciï les capacitats dels territoris, faciliti el seu creixement i participi de les seves inquietuds i sensibilitats. Un Estat Federal, en definitiva, que s’identifiqui i representi la suma dels diversos territoris.
Aquest és el repte... il·lusionant, per cert.

dilluns, 2 de juliol del 2012

QUE PARLI EL PENSAMENT


Des què va esclatar la crisi en la qual estem immersos han estat molts analistes, fonamentalment del món de la política, l’economia i els mitjans de comunicació qui ens han donat la seva visió de quines han estat les causes de la crisi, quins són els seus efectes i quines serien les mesures a prendre per a superar aquesta difícil i complexa situació.
Res a dir. Tothom ha de dir la seva, i està bé que polítics, economistes i professionals de la comunicació –a banda de totes aquelles persones anònimes, o no, utilitàries de les diverses xarxes socials- manifestin les seves opinions. Però falten veus. Trobo a faltar veus d’altres perfils professionals, socials i acadèmics. Trobo a faltar veus que, des del món del pensament ens donin la seva visió del què i el perquè han succeït tantes coses. Fins i tot trobo a faltar veus raonades, racionals i emotives de ciutadans de a peu, que manifestin obertament (i sense tenir la sensació de pregonar en el desert) el seu parer del què ens està passant i cap on voldrien anar.
Aquesta és una crisi de gran abast, no només econòmica i financera sinó també institucional i política. Certament és una gran crisi, amb font d’origen multicausal, que ens està abocant a una crisi social i de valors més àmplia. Tant és així que aquesta successió de “crisis”, en un entorn global com l’actual, ens està conduint a una veritable crisi sistèmica on, fins i tot, es podria posar en qüestió el propi sistema democràtic. És el mateix sistema imperant el que ha entrat en caiguda lliure. L’actual sistema capitalista ha fet fallida. Suportat en un model de mercat neoliberal, sense regulació ni principis i a cavall galopant d’una especulació ferotge i nihilista que només pensa en l’enriquiment ràpid, el sistema capitalista ha fet figa. Ha perdut, si alguna vegada ho tenia, la capacitat moral i ètica de pensar que no tot s’hi val. Que no tot justifica l’enriquiment abusiu d’uns quants, davant la impotència de la majoria. Que no és possible que un sistema social se sustenti sota la tirania d’uns mercats insensibles, on l’única regla de joc consisteix en quadrar uns balanços que prèviament han estat desquadrats, en benefici de foscos personatges sense escrúpols.
I semblaria, que davant una crisi sistèmica com la que ens trobem, l’aplicació de solucions haurien d’adequar-se a les causes reals del problema. És a dir, s’hauria d’abordar de manera radical un canvi en profunditat del model. No ens serveixen els pedaços que hom estan aplicant des de l’ortodòxia dels propis mercats. Si els mercats han fracassat, no poden ser ells mateixos qui apliquin les reformes per a superar una crisi que, prèviament, han originat. No ho aconseguiran, i per una doble raó: per incapacitat manifesta de qui només pensa en la cartera, i per pròpia cobdícia personal. I la gravetat del cas és què intentin fer-nos creure que la solució són ells mateixos. Com si el món, la societat en el seu conjunt, no tingués altre alternativa que plegar-se al caprici dels mercats, de l’especulació i del capital.
Però no és cert. Altre sistema és possible. Només cal posar les bases d’un nuo model social al servei dels ciutadans. I és aquí, en la definició del nou model, que falten veus. Veus amb visions complementàries a les ja tradicionals.
Si hem de trobar un nou model social que faci més justa, equilibrada, sostenible, democràtica i transparent la nostra relació i convivència, necessitem que noves veus s’incorporin al debat de les idees. El pensament ha de fluir en la construcció del nou sistema, incorporant visions i opinions de persones procedents de diversos àmbits. Al pensament polític i econòmic hem d’incorporar reflexions procedents de la sociologia, la psicologia, la pedagogia, la filosofia, del món acadèmic i científic, de la sensibilitat artística, del món civil, de l’ecologia. La jurisprudència ha de ser l’exponent de principis bàsics com la justícia, l’equitat, la mesura i la transparència. Ha d’estar en tot moment al servei dels drets de la ciutadania.
Les noves realitats necessiten nous abordatges, aplicats des d’un model social que trenqui amb el nepotisme d’un sistema neocapitalista superat per la seva pròpia incompetència.
I en aquest repte extraordinari necessitem que s’expressin noves veus...necessitem que parli el pensament.

dimarts, 12 de juny del 2012

RECUPERAR LA CREDIBILITAT


Certament estem passant per una etapa molt complexa, excessivament complexa. Des de fa mesos és difícil trobar-nos amb una setmana –per no acotar un període més curt- on no aparegui als mitjans de comunicació alguna notícia que alimenti i alteri una mica més l’estat d’insatisfacció d’un ample i majoritari ventall de ciutadans i ciutadanes d’aquest país. Tant és així que la indignació de la població ha superat amb escreix els col·lectius que inicialment començaren a ocupar els carrers i places de les nostres ciutats.
És molt probable (podríem assegurar-ho) que la galopant crisi econòmica que ha colpejat el món occidental, i de manera més brusca l’Europa de l’euro, ens ha deixat en una situació de feblesa i desprotecció pròpia de qui ha perdut gran part de les seves defenses a mans d’una pandèmia desbordant i desconeguda.
És més greu encara quan els ciutadans d’aquesta vella Europa comproven en carns pròpies que les solucions que els governs estan aplicant, lluny d’abordar l’arrel del problema, allò que podríem considerar com la causa originària del mal que ens afecta, està –torpement- actuant contra els efectes originats pels propis problemes. I actuant contra els efectes (que també s’hauran d’abordar) i no contra les causes, es posaran pedaços a un vestit tan malmès que difícilment suporti més intervencions maquilladores. Actuar contra les causes seria anar al moll de l’os del problema. I això no interessa a qui pren les decisions, perquè suposaria un qüestionament dels sistema polític, econòmic i social en tota regla. En definitiva, suposaria una revisió dels valors en els què s’està movent la societat capitalista actualment.
I mentrestant la ciutadania no entén - perquè per començar, ni ens ho expliquen amb claredat meridiana- què ha passat amb el món financer per a haver arribat al punt tant crític en què es troba, amb necessitat d’injecció permanent de diners públics que no sabem si retornaran algun dia, i en quines condicions, a les arques públiques (que són diners de tothom). No s’entén perquè no s’exigeixen responsabilitats als causants de tants disbarats, en comptes de voler amagar el cap sota l’ala.
No s’entén com ha estat possible que l’especulació imposada per uns mercats desregulats hagi arribat a condicionar l’acció de governs i parlaments. I per a acabar de fer-la més grossa, els responsables de la desfeta financera encara es jubilen (després d’ensorrar les seves empreses) amb indemnitzacions i plans de jubilació milionaris.
No s’entén com el govern aprova una amnistia fiscal encoberta, en comptes de perseguir fermament els defraudadors i actuar amb contundència contra el paradisos fiscals.
No s’entén que per a equilibrar les balances (desequilibrades per la mala praxis dels financers i per la passivitat dels legisladors) s’ataquin els drets dels ciutadans, retallant serveis públics de primer ordre.
La ciutadania, finalment, acaba perdent la confiança en el món de la política (governs i parlaments). Acaba no confiant en aquells en qui havien dipositat la confiança del poder popular per a gestionar les qüestions públiques. I aquesta desconfiança progressivament es converteix en descrèdit.
I si al descrèdit de les institucions polítiques afegim el descrèdit d’altres institucions, com pot ser la pròpia monarquia (d’altra banda, ja caduca, sense necessitat de pèrdua de credibilitat, però reforçada per les darreres actuacions del propi monarca, i sense oblidar els foscos negocis d’altres membres de la família); la institució judicial (amb les dificultats permanents per a renovar els seus òrgans, algunes sentències qüestionades pel seu perfil ideològic, els darrers escàndols del seu màxim representant, l’opacitat absoluta del seu funcionament intern, la dificultat de control extern...); la institució religiosa majoritària del país, com és l’església catòlica (dedicada més a activitats que poc tenen a veure amb la defensa de la doctrina i fe cristiana, amb escàndols de finances, amb nul·la transparència de gestió –en quant al finançament públic-, amb usurpació de funcions que no li pertoquen)...
Es podria dir que les institucions del país, en el seu conjunt, han perdut confiança i guanyat descrèdit. I si no som capaços de capgirar aquesta situació podem córrer el risc de posar en perill inclús el sistema democràtic, que al cap i a la fi és el sistema de permet i garanteix la convivència de totes les institucions del propi sistema.
És necessari –més aviat urgent- recuperar la credibilitat perduda, i així anar retornant als nivells de confiança d’uns ciutadans i ciutadanes que darrerament tenen motius més que sobrats per a estar indignats.
La política, i els seus representants, han de donar el primer pas. Al cap i la fi és la institució delegada per la ciutadania per a establir unes normes de convivència, de funcionament, de regulació, de distribució... Que la resta d’institucions actuïn d’acord amb les normes que entre tots ens atorguem, depèn i és responsabilitat de les institucions polítiques (poder legislatiu i poder executiu). La resta de poders i institucions de l’estat han d’actuar en base a l’emmarcarem jurídic establert.
Segurament la recuperació de la credibilitat i de la confiança mútua seran factors de primer ordre per a ajudar-nos a superar la complexa situació en la que ens trobem immersos.