Acabem d’inaugurar l’estiu de 2008. Sortosament, després d’un mes de maig, on la pluja ha estat la nostra estimada acompanyant dia rera dia, els pantans han tornat a la situació habitual. És com si els déus del cel, que normalment no s’entretenen baixant la mirada cap a la terra, aquesta vegada haguessin escoltat les pregàries d’algun insigne feligrès.
Les restriccions en el consum de l’aigua, com a mesura d’estalvi –necessària, però no suficient- han donat pas a una situació més estable d’autocontrol del consum excessiu. Els apologistes de sempre, que només necessiten una raó per a poder oposar-se, han hagut de replegar les veles per a una millor ocasió. De moment la pluja ens ha salvat.
Però no de tot ens allibera l’aigua caiguda del cel. L’aigua abundant del mes de maig no ens ha alleugerat la càrrega de l’increment del petroli, de la congelació dels crèdits bancaris, de l’increment dels interessos hipotecaris, de la davallada –més que prevista- del món de la construcció, de la desacceleració de l’economia... L’aigua de maig no ha satisfet l’insaciable desig dels especuladors de sempre, d’aquells que privatitzen els guanys i socialitzen les pèrdues.
I és que no sempre plou a gust de tothom.
I si no que li preguntin a la vella Europa. Aquella Europa Unida que havia d’instaurar al continent valors de tan profund calat com la democràcia, la igualtat, la solidaritat, l’equitat, la justícia social, el dret dels treballadors. Una Europa que aspirava a ser reflex i mirall per a altres indrets del planeta.
Una Europa social, que aspirava a convertir-se en el contrapunt d’una societat socialment més equilibrada.
Però Europa, darrerament, està donant proves de què no se’n ensurt.
D’una banda, i de tant en tant, algun dels seus membres es mira el melic, i pensa que encara té drets de privilegi davant els altres membres. No se’n donen que Europa la farem entre tots, o no la farem. Es dirà Europa, però no serà l’Europa a què aspiraven (al menys els que estem decebuts de tal com van algunes coses al vell continent).
Europa no pot viure a expenses del xantatge dels seus membres.
Però d’altra banda –i això encara és més greu- no pot avançar cap la societat oberta, plural, acollidora i solidària a què espira l’Europa social, si es deixa arrossegar per les polítiques ultralliberals de governants de tan poca transparència com els presidents italià i francès.
Europa no pot eliminar, com si fos una qüestió trivial, els avenços de moltes dècades de lluita obrera, sindical i d’esquerres. Europa, si aspira a constituir-se en una societat moderna i de progrés, no pot tornar a les jornades de 65 hores, pròpies de l’inici de l’era industrial, on l’únic que prevalia era l’interès d’una força explotadora i poc respectuosa amb els treballadors. Europa no pot recuperar els acords individuals entre treballador i empresari, com elements reguladors de les condicions del treball (fóra com a condemnar els treballadors a la voluntat dels seus contractants).
L’Europa social a què aspirem ha de defugir dels principis neoconservadors que en època de bonança econòmica tendeixen a obrir les fronteres a treballadors de baix salari i contracte precari, per a tancar-les hermèticament en moments de dificultat. No és possible que els principis de la ultra dreta europea s’instaurin impunement... i ens quedem tan tranquils.
Europa no pot oblidar que una part important del seu benestar, de les seves matèries primeres, de la seva producció en empreses deslocalitzades, de la seva mà d’obra, de la seva riquesa... tenen el seu origen en països del tercer món. Un tercer món al que, de manera impune, Europa vol deixar de banda.
Aquesta no és l’Europa que ens agrada!
miércoles 25 de junio de 2008
martes 1 de enero de 2008
Sencillamente indignante
Acaba el año, y con él, por primera vez, quiero hacer un cambio de registro en mi blog.
Y lo hago sin ánimos de ofender absolutamente a nadie. Que ninguna mente paranoica llegue a pensar que utilizo el castellano como lengua de segundo orden, o subordinada a ciertos temas pudorosamente criticables. Sencillamente la utilizo para debilitar ciertos argumentos demagógicos de algunos que podrían manifestar que lo escrito –por estar en lengua distinta a la de su rancio imperio- no va con ellos.
Dicho sea de paso, y en salvaguarda de mi gran respeto a la lengua castellana, debo decir que es mi lengua materna, y me siento comodísimo cuando la utilizo en uno u otro formato.
Pero vamos a lo que iba. El título ya lo anuncia: sencillamente indignante.
¿Y a qué me refiero?
Simple y llanamente al último de los pulsos de la cúpula de la iglesia católica al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El pasado fin de semana, los dirigentes oficiales de una iglesia que se autoproclama católica y cristiana, han sido capaces de convocar, bajo un lema aparentemente inocuo e inocente (“Por la familia cristiana”), a varios centenares de miles de seguidores. El hecho seguramente habría tenido una mayor relevancia sociológica, si el acto hubiese tratado sobre el anuncio del eslogan. Pero éste, como algunos eventos más en los que ha participado de forma oficial u oficiosa la iglesia católica de nuestro país (que no representa, ni por asomo, el sentir y el pensar de la mayoría de sus creyentes), se convirtió en un nuevo acto político enmascarado de color negro y púrpura.
¿Cómo, por tanto, se puede entender que este acto se convirtiera en una exacerbada manifestación contra reformas legislativas como la del matrimonio homosexual, el divorcio, el aborto, la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía…?
¿Cómo se atreve el presidente de la Conferencia Episcopal a manifestar que “la familia está fundada sobre el matrimonio, que es la unión de un varón y una mujer para transmitir vida”? ¿Dónde está la aportación fáctica de la iglesia oficial a este tipo de familia que tanto defiende?
¿Cómo se atreve el arzobispo de Valencia a manifestar, en un discurso apocalíptico, que “la cultura del laicismo radical es un fraude, un engaño que sólo conduce a la desesperanza por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes"? ¿Cómo se atreve a declarar que “por ese camino no se respeta la Constitución de 1978 y nos dirigimos a la disolución de la democracia”? ¿A qué respeto y democracia se refiere; al propio o al ajeno? ¿Dónde está la adaptación de la iglesia oficial a un estado laico y aconfesional? ¿Dónde está la aportación –de algunos- para erradicar el engaño, la desesperanza y la manipulación?
¿Cómo se atreve el arzobispo de Madrid a manifestar “… que se haya dado marcha atrás a la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU sobre el derecho de la familia a ser protegida por el Estado”? ¿Se le ha olvidado a alguien que el Estado debe velar por la protección de todas las familias, y no sólo de algunas?
Y para acabar de adobar un guiso tan suculento, el apoyo incondicional de Benedicto XVI en videoconferencia desde el Vaticano…
Pero lo más curioso, de toda la confrontación de la jerarquía eclesiástica con el estado de derecho, es que esta desproporcionada beligerancia se produce en unos momentos en los que la iglesia católica ha alcanzado los máximos privilegios de nuestra reciente historia democrática. Se produce en momentos en que el propio gobierno de Rodríguez Zapatero, durante la presente legislatura, ha llegado a acuerdos muy ventajosos con los centros concertados católicos; se sigue manteniendo la asignatura de religión en el programa educativo; se llega a la estabilidad económica a cargo del Estado de los 15.000 profesores de la asignatura de religión –que selecciona y despide a su libre albedrío la jerarquía eclesiástica, con criterios totalmente desfasados, arbitrarios y poco objetivos-; se ha incrementado la aportación voluntaria del IRPF del 0,52% al 0,7%; amén de las mejoras introducidas en los convenios entre el Estado y la Santa Sede.
Todo ello sin dejar de mencionar que el PSOE ha dejado fuera de su programa electoral para las próximas elecciones legislativas temas tan importantes como la ampliación de la legislación sobre el aborto, e iniciar el debate sobre la eutanasia. Dos cuestiones altamente demandadas por una amplia representación de la sociedad española, y fuertemente denostada por el ala más conservadora de la iglesia católica.
¿Qué más se pude pedir?
Y lo hago sin ánimos de ofender absolutamente a nadie. Que ninguna mente paranoica llegue a pensar que utilizo el castellano como lengua de segundo orden, o subordinada a ciertos temas pudorosamente criticables. Sencillamente la utilizo para debilitar ciertos argumentos demagógicos de algunos que podrían manifestar que lo escrito –por estar en lengua distinta a la de su rancio imperio- no va con ellos.
Dicho sea de paso, y en salvaguarda de mi gran respeto a la lengua castellana, debo decir que es mi lengua materna, y me siento comodísimo cuando la utilizo en uno u otro formato.
Pero vamos a lo que iba. El título ya lo anuncia: sencillamente indignante.
¿Y a qué me refiero?
Simple y llanamente al último de los pulsos de la cúpula de la iglesia católica al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El pasado fin de semana, los dirigentes oficiales de una iglesia que se autoproclama católica y cristiana, han sido capaces de convocar, bajo un lema aparentemente inocuo e inocente (“Por la familia cristiana”), a varios centenares de miles de seguidores. El hecho seguramente habría tenido una mayor relevancia sociológica, si el acto hubiese tratado sobre el anuncio del eslogan. Pero éste, como algunos eventos más en los que ha participado de forma oficial u oficiosa la iglesia católica de nuestro país (que no representa, ni por asomo, el sentir y el pensar de la mayoría de sus creyentes), se convirtió en un nuevo acto político enmascarado de color negro y púrpura.
¿Cómo, por tanto, se puede entender que este acto se convirtiera en una exacerbada manifestación contra reformas legislativas como la del matrimonio homosexual, el divorcio, el aborto, la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía…?
¿Cómo se atreve el presidente de la Conferencia Episcopal a manifestar que “la familia está fundada sobre el matrimonio, que es la unión de un varón y una mujer para transmitir vida”? ¿Dónde está la aportación fáctica de la iglesia oficial a este tipo de familia que tanto defiende?
¿Cómo se atreve el arzobispo de Valencia a manifestar, en un discurso apocalíptico, que “la cultura del laicismo radical es un fraude, un engaño que sólo conduce a la desesperanza por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes"? ¿Cómo se atreve a declarar que “por ese camino no se respeta la Constitución de 1978 y nos dirigimos a la disolución de la democracia”? ¿A qué respeto y democracia se refiere; al propio o al ajeno? ¿Dónde está la adaptación de la iglesia oficial a un estado laico y aconfesional? ¿Dónde está la aportación –de algunos- para erradicar el engaño, la desesperanza y la manipulación?
¿Cómo se atreve el arzobispo de Madrid a manifestar “… que se haya dado marcha atrás a la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU sobre el derecho de la familia a ser protegida por el Estado”? ¿Se le ha olvidado a alguien que el Estado debe velar por la protección de todas las familias, y no sólo de algunas?
Y para acabar de adobar un guiso tan suculento, el apoyo incondicional de Benedicto XVI en videoconferencia desde el Vaticano…
Pero lo más curioso, de toda la confrontación de la jerarquía eclesiástica con el estado de derecho, es que esta desproporcionada beligerancia se produce en unos momentos en los que la iglesia católica ha alcanzado los máximos privilegios de nuestra reciente historia democrática. Se produce en momentos en que el propio gobierno de Rodríguez Zapatero, durante la presente legislatura, ha llegado a acuerdos muy ventajosos con los centros concertados católicos; se sigue manteniendo la asignatura de religión en el programa educativo; se llega a la estabilidad económica a cargo del Estado de los 15.000 profesores de la asignatura de religión –que selecciona y despide a su libre albedrío la jerarquía eclesiástica, con criterios totalmente desfasados, arbitrarios y poco objetivos-; se ha incrementado la aportación voluntaria del IRPF del 0,52% al 0,7%; amén de las mejoras introducidas en los convenios entre el Estado y la Santa Sede.
Todo ello sin dejar de mencionar que el PSOE ha dejado fuera de su programa electoral para las próximas elecciones legislativas temas tan importantes como la ampliación de la legislación sobre el aborto, e iniciar el debate sobre la eutanasia. Dos cuestiones altamente demandadas por una amplia representación de la sociedad española, y fuertemente denostada por el ala más conservadora de la iglesia católica.
¿Qué más se pude pedir?
lunes 15 de octubre de 2007
Temps de dilemes
Les acaballes del segle XX i, per suposat, aquest principi del segle XXI, ens estan fent viure veritables temps de dilemes. Si a les persones sempre ens ha caracteritzat, com a tret diferencial davant altres espècies, la capacitat de poder triar entre dues alternatives contraposades, aquesta nova època ens està mostrant una realitat certament complexa. De vegades no es tracta de triar entre el blanc i el negre. La nostra realitat social no té una interpretació tan simple, ni respon a una única representació del món. Tant és així que davant alguns fenòmens no podem respondre amb la simplicitat de donar una única resposta, per molt que aquesta sigui correcta.
El món ha experimentat una celeritat tan extraordinària, que respostes que, fa unes dècades, ningú hauria qüestionat, avui podem aplicar-li valors, no només complementaris, sinó inclús –aparentment- contradictoris. D’aquesta manera, molt sovint, quan volem donar valor a un argument concret, ens trobem amb la dificultat d’haver de discernir entre dues proposicions contràries, però que formen part d’una mateixa realitat. O dit amb altres paraules: intel·lectualment no sembla massa correcte donar una resposta simple, davant la complexitat d’alguns fenòmens socials que ens envolten. Com no podria ser d’altra manera.
Tenim així que conviure amb valors semànticament contraris, però que no podem destriar, si no volem perdre de vista una part de la realitat, que, necessàriament, ens ajuda a entendre –i solucionar- l’altra part.
Intentar trencar aquests dilemes, i quedar-nos amb valors únics, és caure en el més absurd dels simplismes... o fer-ho per mala fe (cosa encara pitjor).
Seré més concret... i passaré a algun exemple...
No podem parlar d’individus, sense considerar els col·lectius. Què són sinó els col·lectius, que la pluralitat d’individus?. O què és l’individu, sinó un membre del col·lectiu?
Parlem –també- d’identitat, però sense deixar de banda la pluralitat. És lícit identificar-nos amb allò que creiem... però també ho ha de ser per als altres.
I si pensem en la igualtat, com a tret homogeni de les persones, no hem d’oblidar la diversitat que aquestes representen.
I quan parlem del proteccionisme –necessari- d’allò que tenim més a prop, no podem contraposar-lo a la solidaritat –obligatòria- d’allò que trobem més enllà.
Tampoc no és possible parlar de nacionalisme, sense mirar de reüll la globalització del món en què estem immersos. En un món interactiu i de ràpida evolució, com el nostre, els valors nacionals no poden ser l’estendard d’una societat egocèntrica i tancada en si mateixa; molt al contrari, han de constituir-se en elements d’intercanvi, interacció, convivència i creixement en la relació amb els altres pobles.
Estem –ja ho podem veure- vivint i convivint en un temps de veritables dilemes. L’èxit o el fracàs dependrà de la nostra capacitat de comprensió, adaptació i vivència de la realitat complexa. La simplicitat, per incompleta, no és la resposta adequada...
El món ha experimentat una celeritat tan extraordinària, que respostes que, fa unes dècades, ningú hauria qüestionat, avui podem aplicar-li valors, no només complementaris, sinó inclús –aparentment- contradictoris. D’aquesta manera, molt sovint, quan volem donar valor a un argument concret, ens trobem amb la dificultat d’haver de discernir entre dues proposicions contràries, però que formen part d’una mateixa realitat. O dit amb altres paraules: intel·lectualment no sembla massa correcte donar una resposta simple, davant la complexitat d’alguns fenòmens socials que ens envolten. Com no podria ser d’altra manera.
Tenim així que conviure amb valors semànticament contraris, però que no podem destriar, si no volem perdre de vista una part de la realitat, que, necessàriament, ens ajuda a entendre –i solucionar- l’altra part.
Intentar trencar aquests dilemes, i quedar-nos amb valors únics, és caure en el més absurd dels simplismes... o fer-ho per mala fe (cosa encara pitjor).
Seré més concret... i passaré a algun exemple...
No podem parlar d’individus, sense considerar els col·lectius. Què són sinó els col·lectius, que la pluralitat d’individus?. O què és l’individu, sinó un membre del col·lectiu?
Parlem –també- d’identitat, però sense deixar de banda la pluralitat. És lícit identificar-nos amb allò que creiem... però també ho ha de ser per als altres.
I si pensem en la igualtat, com a tret homogeni de les persones, no hem d’oblidar la diversitat que aquestes representen.
I quan parlem del proteccionisme –necessari- d’allò que tenim més a prop, no podem contraposar-lo a la solidaritat –obligatòria- d’allò que trobem més enllà.
Tampoc no és possible parlar de nacionalisme, sense mirar de reüll la globalització del món en què estem immersos. En un món interactiu i de ràpida evolució, com el nostre, els valors nacionals no poden ser l’estendard d’una societat egocèntrica i tancada en si mateixa; molt al contrari, han de constituir-se en elements d’intercanvi, interacció, convivència i creixement en la relació amb els altres pobles.
Estem –ja ho podem veure- vivint i convivint en un temps de veritables dilemes. L’èxit o el fracàs dependrà de la nostra capacitat de comprensió, adaptació i vivència de la realitat complexa. La simplicitat, per incompleta, no és la resposta adequada...
lunes 24 de septiembre de 2007
Polítiques socials
Tornem a la feina. Les vacances, progressivament, ens han retornat al món real, i ja comencen a formar part de les històries que donen forma i consistència a la nostra memòria personal. D’altra banda, els més atrevits ja comencen a engruixir el seu imaginari, pensant tímidament com serà el proper període vacacional. I és que en la vida personal, a l’igual que en la política, s’ha de tenir una bona dosi d’il·lusió. I a mi, sincerament, em produeix molta il·lusió quan veig que hi ha un govern que, des de l’inici del seu mandat, està apostant per les polítiques socials. I no vol dir això que hagi de deixar de banda altres polítiques (com no ho està fent) que també ajuden a millorar el benestar i la qualitat de vida dels ciutadans i ciutadanes d’aquest país. Hem tornat de vacances, i el govern de José Luis Rodríguez Zapatero ens ha sorprès gratament amb un seguit de propostes de millores socials, que els opositors del “pp” han intentat minimitzar i devaluar amb qualificatius tan poc seriosos com què aquestes són propostes electoralistes, sense consistència i poc valorades econòmicament. Els "peperos", com bons representants de la dreta extrema d’aquest país continuen amb les seves manifestacions desqualificadores de tot allò que va en contra dels principis conservadors que defensen i de la societat neoliberal que diuen representar. Sembla que els hi dolgui que s’intenti fer una tímida redistribució de la riquesa que genera aquest país, a través de potenciar algunes polítiques socials que, en la major part dels països que ens envolten, estan més que superades. Segons l’ideari del “pp” els governs haurien de facilitar les condicions favorables per a què el propi mercat –i el capital que el controla- fos el generador i distribuïdor de la riquesa del país. ¡Quin error, arribar a pensar que el propi mercat equilibri allò que, sistemàticament, ha desequilibrat! Hauria de recordar el “pp” que Espanya, i també Catalunya, és dels països de la UE –dels quinze- que aplica un menor índex del seu IPC a polítiques socials. Portem massa anys de retard per a què a aquestes alçades s’atreveixin a alçar una veu dissonant en aquestes qüestions. És ben segur que si el govern no fes propostes de tipus social, criticarien – en aquest cas amb raó, però sense convenciment -. I si el govern fa propostes, també critiquen. És part del parany en el que s’ha instal·lat una oposició sense idees, sense visió de futur i amb poca sensibilitat social. A part que el “pp”, evidentment, no és partidari de mesures que puguin tendir a reajustar el desequilibri social i econòmic del país, hauríem de preguntar-li quin és el moment més escaient. Perquè si el moment més adequat no és quan el país està gaudint de superàvit en els seus pressupostos i l’economia està creixent en els darrers anys per sobra del creixement dels països industrialitzats del nostre entorn, quan és el moment? Segurament el “pp”, entestat en tornar a reproduir la societat controlada, reprimida i dòcil que enyoren els seus dirigents, no pot suportar que el país creixi en llibertat, igualtat i solidaritat. Són conceptes que, ben segur, no deuen aparèixer en el seu llibre de ruta. |
lunes 23 de julio de 2007
Quan l’oposició deia “SI” a l’AVE
Al ple de l’Ajuntament de Barcelona del passat divendres 20 de juliol l’oposició, conformada per CiU, PP i ERC, van aprovar un acord en contra del traçat de l’AVE per la ciutat de Barcelona. Fins aquí res de particular. És freqüent que els grups de l’oposició votin en contra d’allò que proposa o dóna suport qualsevol govern. I el cas de Barcelona, en aquest tema, no és un cas excepcional.
Quina és, doncs, la particularitat de Barcelona al respecte?
La particularitat no és altra que, ara fa justament cinc anys, quan el plenari barceloní ratificà els acords subscrits amb el Ministeri de Foment, que és l’òrgan administratiu competent en executar les obres de l’AVE, els tres grups, ara a l’oposició, varen votar favorablement, allò que ara voten en contra.
En aquell moment tot eren lloances al projecte presentat:
- “És un acord estratègic per a Barcelona i per a tota Catalunya” (CiU)
- “És extremadament positiu per a la ciutat perquè recull les seves aspiracions” (PP)
- “És una gran notícia des del punt de vista estratègic per als propers anys” (ERC)
Cap dels tres grups, ara a l’oposició, va fer referència als riscos que sembla que ara té el fet que l’AVE circuli a prop de la Sagrada Família. En aquells moments el PP ni somiava amb l’alternativa del litoral, ERC no havia plantejat la seva preferència pel carrer Aragó, ni CiU havia esmentat el traçat pel Vallès.
Què ha passat, doncs, per a què els tres grups de l’oposició a l’Ajuntament de Barcelona hagin fet un canvi tan radical? (màxim tenint en compte les extremades mesures de seguretat i control adoptades per totes les administracions implicades, després de l’accident del Carmel).
Segurament han passat vàries coses que, al marge del Carmel, i sense voler ser malintencionat, podrien descriure’s d’aquesta manera:
a) Fa cinc anys –malgrat el PP estava a l’oposició a l’Ajuntament de Barcelona- qui signava el conveni des del Ministeri de Foment era Francisco Álvarez Cascos (ministre del PP).
b) Fa cinc anys –malgrat CiU gaudia d’una destacada posició a l’oposició de l’Ajuntament de Barcelona- qui signava el conveni amb el Ministeri de Foment des de la Generalitat de Catalunya era el Conseller de Política Territorial de l’època, Felip Puig (conseller de CiU).
c) Malgrat durant el mandat actual ERC ha decidit traslladar-se a les banquetes de l’oposició, fa cinc anys Jordi Portavella (tinent d’alcalde d’ERC) era un membre destacat del govern municipal de l’Ajuntament de Barcelona.
Segurament m’estic equivocant, però... la realitat no canvia en funció d’estar al govern o a l’oposició; el que sí canvia és la interpretació que en cada moment es pugui fer de la mateixa realitat ... i més encara si la interpretació de la realitat és interessada, avantatjosa o partidista.
Temps era temps (que cantaria el poeta).
Quina és, doncs, la particularitat de Barcelona al respecte?
La particularitat no és altra que, ara fa justament cinc anys, quan el plenari barceloní ratificà els acords subscrits amb el Ministeri de Foment, que és l’òrgan administratiu competent en executar les obres de l’AVE, els tres grups, ara a l’oposició, varen votar favorablement, allò que ara voten en contra.
En aquell moment tot eren lloances al projecte presentat:
- “És un acord estratègic per a Barcelona i per a tota Catalunya” (CiU)
- “És extremadament positiu per a la ciutat perquè recull les seves aspiracions” (PP)
- “És una gran notícia des del punt de vista estratègic per als propers anys” (ERC)
Cap dels tres grups, ara a l’oposició, va fer referència als riscos que sembla que ara té el fet que l’AVE circuli a prop de la Sagrada Família. En aquells moments el PP ni somiava amb l’alternativa del litoral, ERC no havia plantejat la seva preferència pel carrer Aragó, ni CiU havia esmentat el traçat pel Vallès.
Què ha passat, doncs, per a què els tres grups de l’oposició a l’Ajuntament de Barcelona hagin fet un canvi tan radical? (màxim tenint en compte les extremades mesures de seguretat i control adoptades per totes les administracions implicades, després de l’accident del Carmel).
Segurament han passat vàries coses que, al marge del Carmel, i sense voler ser malintencionat, podrien descriure’s d’aquesta manera:
a) Fa cinc anys –malgrat el PP estava a l’oposició a l’Ajuntament de Barcelona- qui signava el conveni des del Ministeri de Foment era Francisco Álvarez Cascos (ministre del PP).
b) Fa cinc anys –malgrat CiU gaudia d’una destacada posició a l’oposició de l’Ajuntament de Barcelona- qui signava el conveni amb el Ministeri de Foment des de la Generalitat de Catalunya era el Conseller de Política Territorial de l’època, Felip Puig (conseller de CiU).
c) Malgrat durant el mandat actual ERC ha decidit traslladar-se a les banquetes de l’oposició, fa cinc anys Jordi Portavella (tinent d’alcalde d’ERC) era un membre destacat del govern municipal de l’Ajuntament de Barcelona.
Segurament m’estic equivocant, però... la realitat no canvia en funció d’estar al govern o a l’oposició; el que sí canvia és la interpretació que en cada moment es pugui fer de la mateixa realitat ... i més encara si la interpretació de la realitat és interessada, avantatjosa o partidista.
Temps era temps (que cantaria el poeta).
martes 26 de junio de 2007
Pactes... i “pastetes”
Un cop finalitzada la constitució dels nous ajuntaments ens torna a envair una estranya sensació de no entendre massa bé que ha passat en la composició d’alguns dels seus governs.
És evident que el joc democràtic i la pura lògica matemàtica permeten composar unes majories que, previ a la celebració de la contesa electoral, cap polític que es preï tindria el valor –i la gosadia- de fer-les públiques.
Un cop que els ciutadans han passat per les urnes, i verificat que és possible establir majories sumant, si és necessari, naps i cols, els aritmètics de la política es posen mans a l’obra. El final de l’operació és sumar suficient per a obtenir una majoria que permeti fer-se amb el poder. Les “justificacions” vindran després... evidentment. Tot es fa –fins i tot a contracor i en contra d’allò que la lògica i la raó aconsellaria als sacrificats aritmètics ficats a polítics- pel bé de la ciutadania i del futur de la població. És com si alguna estranya força interna els hi empenyés a fer alguna cosa que estan convençuts que no haurien de fer. Però... tot sacrifici és poc pel governament del poble, la vila, la ciutat.
Els arguments seran més o menys convincents, però hi seran:
“No ens agrada la mateixa música”, “Anem amb el pas canviat”, “Tenim un model diferent de ciutat”, “No em saluda pel carrer”, “No compartim els mateixos gustos”, “Jo les prefereixo rosses”... i un llarg etcètera.
Al final els interessos personals i partidistes dels artífexs dels –estranys- pactes se sobreposen als interessos reals de la ciutadania i a les veritables necessitats dels pobles. I els aritmètics polítics, amb la cara vermella i la mirada perduda, pensen –justificant les consciències- que tenen quatre anys per a demostrar als ciutadans que la decisió, encara que incompresa, era la justa i encertada.
Però la realitat és una altra. Els ciutadans, un xic despistats, deixen de representar el seu paper d’elector passiu, i passen a engruixir les files dels abstencionistes actius.
És evident que el joc democràtic i la pura lògica matemàtica permeten composar unes majories que, previ a la celebració de la contesa electoral, cap polític que es preï tindria el valor –i la gosadia- de fer-les públiques.
Un cop que els ciutadans han passat per les urnes, i verificat que és possible establir majories sumant, si és necessari, naps i cols, els aritmètics de la política es posen mans a l’obra. El final de l’operació és sumar suficient per a obtenir una majoria que permeti fer-se amb el poder. Les “justificacions” vindran després... evidentment. Tot es fa –fins i tot a contracor i en contra d’allò que la lògica i la raó aconsellaria als sacrificats aritmètics ficats a polítics- pel bé de la ciutadania i del futur de la població. És com si alguna estranya força interna els hi empenyés a fer alguna cosa que estan convençuts que no haurien de fer. Però... tot sacrifici és poc pel governament del poble, la vila, la ciutat.
Els arguments seran més o menys convincents, però hi seran:
“No ens agrada la mateixa música”, “Anem amb el pas canviat”, “Tenim un model diferent de ciutat”, “No em saluda pel carrer”, “No compartim els mateixos gustos”, “Jo les prefereixo rosses”... i un llarg etcètera.
Al final els interessos personals i partidistes dels artífexs dels –estranys- pactes se sobreposen als interessos reals de la ciutadania i a les veritables necessitats dels pobles. I els aritmètics polítics, amb la cara vermella i la mirada perduda, pensen –justificant les consciències- que tenen quatre anys per a demostrar als ciutadans que la decisió, encara que incompresa, era la justa i encertada.
Però la realitat és una altra. Els ciutadans, un xic despistats, deixen de representar el seu paper d’elector passiu, i passen a engruixir les files dels abstencionistes actius.
domingo 10 de junio de 2007
Bases per al futur
A MdR, des del passat 27 de maig, alguns li estan donant voltes al que hauran de ser les bases per al futur de la Vila. Un futur que, en principi, es dibuixa per als propers quatre anys, però, que si fossin capaços de deixar de banda una certa miopia política que, de vegades, no té mires més enllà, hauríem de plantejar-lo amb més projecció de futur.
MdR necessita una visió més ampla del que dóna de si un mandat electoral. De fet, fa anys que necessita treure’s les ulleres de mirar de prop. Hem de mirar cap el futur. I en aquesta mirada a mig i llarg termini (sense deixar en l’oblit la nostra realitat actual) hem de tenir la capacitat –com dirien els experts organitzacionals- de fomentar les nostres fortaleses, impulsar les potencialitats i superar les nostres debilitats i amenaces.
Per primer cop, des de fa temps, MdR té veritables possibilitats de que això sigui possible. En aquests moments s’inicia una nova etapa amb tots els elements per a poder fer-lo factible: partim d’un nou escenari, amb nous actors principals i secundaris, i amb un guió adaptat a aquesta nova realitat que té la ferma voluntat de què l’obra sigui un veritable èxit (immediat i de futur).
Sens dubta davant una voluntarista realitat com la descrita, alguns guionistes tenen més responsabilitats que d’altres perquè l’obra arribi a bon port. És més, la responsabilitat està ens mans de pocs...
MdR necessita deixar de banda picabaralles irracionals, superar pors ancestrals i eliminar les absurdes temeritats de l’abraçada d’un ós imaginari. MdR necessita (té l’obligació) de centrar el seus esforços en vetllar pel futur dels seus ciutadans i ciutadanes..... No podem continuar, com el gat escaldat, justificant les nostres accions de present com a reaccions a errors del passat.
MdR necessita una visió més ampla del que dóna de si un mandat electoral. De fet, fa anys que necessita treure’s les ulleres de mirar de prop. Hem de mirar cap el futur. I en aquesta mirada a mig i llarg termini (sense deixar en l’oblit la nostra realitat actual) hem de tenir la capacitat –com dirien els experts organitzacionals- de fomentar les nostres fortaleses, impulsar les potencialitats i superar les nostres debilitats i amenaces.
Per primer cop, des de fa temps, MdR té veritables possibilitats de que això sigui possible. En aquests moments s’inicia una nova etapa amb tots els elements per a poder fer-lo factible: partim d’un nou escenari, amb nous actors principals i secundaris, i amb un guió adaptat a aquesta nova realitat que té la ferma voluntat de què l’obra sigui un veritable èxit (immediat i de futur).
Sens dubta davant una voluntarista realitat com la descrita, alguns guionistes tenen més responsabilitats que d’altres perquè l’obra arribi a bon port. És més, la responsabilitat està ens mans de pocs...
MdR necessita deixar de banda picabaralles irracionals, superar pors ancestrals i eliminar les absurdes temeritats de l’abraçada d’un ós imaginari. MdR necessita (té l’obligació) de centrar el seus esforços en vetllar pel futur dels seus ciutadans i ciutadanes..... No podem continuar, com el gat escaldat, justificant les nostres accions de present com a reaccions a errors del passat.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)